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viernes, 11 de diciembre de 2015

Ing. Arq. Arturo Prins / Prov. de Buenos Aires / Baradero / Estancia Los Álamos / Casona colonial de 1790 unida a obra italianizante de Arturo Prins en 1920 (Nota de Página 12)

fuente facebook Los Alamos

(extracto de nota)
Por Sergio Kiernan
La casona del Baradero
A orillas del río, flanqueada por dos construcciones antiguas, la mansión de Figueroa Salas es el centro de un conjunto de alto valor patrimonial que combina de modo único una obra anónima de 1790 con una de Arturo Prins de 1920. Un tesoro que acaba de ser restaurado con rigor.
La estancia Los Alamos viene de la primera colonización española, y su primer antecedente es la reducción de Santiago del Baradero, fundada por Hernandarias en 1615. Este siglo 17 se va en mercedes, concesiones y compras de tierras entre españoles y criollos que se pelean, discuten, se hacen juicio y terminan largos litigios casando a sus hijos entre sí para que todo quede en casa. Eventualmente aparecen los jesuitas y Juan de San Martín, hidalgo y funcionario que erige las primeras casas de lo que sería la estancia Los Alamos. Para 1931, Arturo Figueroa Salas la testaba para hacer una escuela para que los hijos del país aprendieran el oficio del campo.
El legado eran unos cuantos cientos de hectáreas, cédulas hipotecarias y un casco italianizante de 1000 metros cuadrados, donde se instaló la escuela. Con el uso inesperado e intensivo, y con una reforma “modernizante” de los noventa, el palacete quedó roto y desvencijado. Es entonces que la fundación que gobierna la escuela decide hacer algunos cambios.
Al caserón hay que verlo con cuidado, porque encierra una sorpresa. Llegando desde la vieja arboleda de la avenida de entrada, se ve una gran residencia italiana, con una larga planta baja, un primer piso menor y una fachada elegantemente dominada por un volumen central que se proyecta, abajo en una recova de tres arcos, arriba en tres ventanales de igual forma. Este volumen tiene un carácter fuerte y restringido, con las verticales marcadas por pilastras sólidas en planta baja y por columnas corintias arriba, y las horizontales por cornisas y barandas de balustres, con un fuerte remate en la azotea.
Pero hay que darle la vuelta al caserón diseñado y construido por Arturo Prins, el mismo de la gótica facultad inconclusa en la avenida Las Heras, para encontrarse con un efecto casi teatral. Del otro lado hay una galería colonial, panzona y baja, con sus palos a pique y trabas superiores, entejados y pesados cerramientos de madera cubiertos por herrerías de martillo a la forja. Por encima de esta casona de 1790, de autor desconocido, asoma la contrafachada de Prins, simétrica a la principal.
Es, francamente, muy raro. Y la cosa se pone más extraña cuando el restaurador Guillermo García explica lo que encontró en sus prolijos cateos: mientras que la obra original de Prins tiene la estructura metálica esperable en 1920, el volumen que ahora corona la estancia colonial tiene estructura interna de madera, igual que su vecina de 1790. García y su equipo quedaron fascinados viendo cómo Prins “cosió” ambas estructuras, metal y madera, dejando que todo se mueva y nada se caiga.
Figueroa Salas debió ser, además de una persona generosa, un hombre original. Es casi inaudito que alguien no sólo preservara un caseróncolonial, estilo por entonces bastante despreciado, sino que tuviera la audacia de integrarlo a su muy moderna y altiva mansión.
La casona colonial-italiana está flanqueada por dos edificios de servicios. Junto al Baradero, este conjunto espera nuevos usos que se presentan como culturales y cuidadosos de su valor. Esto implica que esta original estancia, cargada de historia, sea abierta al público. Sería un buen complemento para un lugar que ya es útil como escuela y además puede ser un patrimonio a visitar.

ver nota completa en su contexto original
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-432-2004-04-06.html